Actividades A y actividades B

Cuando decidimos hacer algo, estamos también decidiendo dejar de hacer todo lo demás.  Decidimos (o nuestro hábitos lo hacen) realizar ciertas actividades, pero no siempre estamos muy conscientes del efecto de estas en nuestras vidas.

Es fácil detectar a una persona que no tiene metas claras para sí misma: casi siempre está “respondiendo” a solicitudes de los demás.  Otro signo es que siempre se está quejando de que no tiene tiempo para sus actividades.  ¡Y es cierto, no lo tiene!  Siempre está ocupada esta persona en atender a los demás.

A mi me gusta simplificar las cosas y desde hace algún tiempo divido las actividades en tipo A y tipo B.  Yo le llamo actividades A a las que, sin tomar en cuenta si son satisfactorias o no, me acercan a mis objetivos y metas.  Son actividades que me “potencian”, me “apalancan”.  Son actividades en las que siembro algo que cosecharé después.  Las consecuencias de este tipo de acciones son frecuentemente a mediano o largo plazo, pero eso sí, son consecuencias altamente satisfactorias.

Las actividades tipo B, en cambio, son activides que frecuentemente podemos calificar como rutinarias, sencillas, tal vez necesarias para alcanzar un objetivo, pero que no representan un reto intelectual, son, como le llamamos en México “talachas”.  Éstas hay que delegarlas siempre que sea posible.  Son actividades por las que puedo pagar porque el tiempo que tomaría en realizarlas me cuesta más que lo que una persona me cobraría por hacerlas.

El otro día, probando mi suerte con la venta a través de internet me di cuenta de que me inclinaba más por realizar las actividades B, empacar un artículo, llevarlo a la mensajería, etc.  Las actividades A, como redactar un anuncio, definir un mercado y una estrategia de mercadotecnia e incluso delegar las actividades B antes mencionadas me resultaba más incomodo mentalmente.  Claro, las actividades A son más difíciles, requieren de usar mis capacidades intelectuales y representan retos con probabilidades de triunfo o fracaso más evidentes. Llevar un paquete al local de una empresa de mensajería representaba un reto mucho menor.

El mensaje es que debemos identificar nuestras actividades A y B y debemos buscar hacer mucho más de las primeras y mucho menos de las segundas, aunque sean más fáciles.

Acerca de Jaime Villarreal

Nací en la Ciudad de México en 1974. Desde niño he tenido una curiosidad insaciable por todo y he dedicado mi vida a ser feliz y ayudar a los demás a ser felices. Estoy absolutamente convencido de que todo es posible. Soy también músico de rock, apasionado de la aviación, consultor en comunicación y coach personal. Contáctame enviándole un mensaje a villarrealjaime@hotmail.com.
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